1.- SOBRE EL ABSTENCIONISMO:
Tengo que y quiero detenerme en esta cuestión porque es decisiva para el tema que tratamos. En efecto, casi ninguno de nosotros esperaba una participación tan alta, y nuestros proyectos y números se basaban en buena medida en que la participación fuera muy parecida a la de siempre. Dentro de esa "normalidad" pensábamos que la previsible bajada electoral nos seguiría permitiendo presionar al PNV y a EA para dar un salto al futuro, o para dejarle en la estacada si se empecinaban en su modelo regionalista y estatutista. Sin embargo la abstención se redujo en un 10% encareciendo aún más el "precio" de cada escaño. Esta es la primera lección autocrítica que debemos hacernos porque ¿cómo es posible que habiendo acertado hace unos años en la tendencia al alza que se vivía y se vive en nuestro pueblo, y viendo la agresividad de la reconquista española, no nos cercioramos que lo más probable era una reducción del abstencionismo y una impresionante respuesta popular? Antes de analizar a quién ha beneficiado esa movilización hay que seguir con esta autocrítica porque atañe a la propia capacidad de análisis de la izquierda abertzale. Una capacidad que ha sido confirmada muchas veces pero también superada y desbordada otras veces, además de negada en algunos casos.
Podríamos decir que se ha movilizado electoralmente parte de la "reserva estratégica" y la "memoria histórica" de nuestro pueblo no sólo por la directa amenaza española, que también, sino además porque esa reserva estaba influenciada por las experiencias de los movimientos populares y de las acciones de lucha que múltiples colectivos habían ido realizando de modo que, sobre este ejemplo práctico que formaba la base de conciencia incipiente, cayó luego la brutalidad española que no hizo sino de detonante en un malestar profundo pero escasamente cohesionado en lo político. Por ejemplo, los múltiples y diversos niveles de compromiso práctico con el euskara y en general con la cultura vasca, niveles que van desde la simpatía hasta la militancia diaria pasando por quienes lo aprenden en horas sueltas, todos estos niveles, sin embargo, tienden a aglomerarse ante la agresión española y el hecho de votar simplifica y facilita esa síntesis de diferencias. Otro ejemplo es el de las simpatías hacia los prisioneros, o incluso algo más difuso como es la sensación que tenía mucha gente de que con el PP en el gobiernillo de Gasteiz se iban a prolongar los años de sufrimiento y violencia, afectando si no a la propia familia, sí a alguna familia conocida o cercana, indirecta pero en el fondo próxima. El último ejemplo, por no extendernos, es el de decenas de miles de familias trabajadoras que están muy preocupadas por el futuro laboral de sus hijos y de sus propias pensiones, y que habiendo comparado y/o sufrido en propias o directas carnes las pequeñas pero suficientes diferencias entre el neoliberalismo del PNV y el del PP, han aprovechado la oportunidad de intentar asegurar mal que bien su futuro.
En realidad, en estos tres ejemplos y en otros muchos más, ha sido decisiva la militancia subterránea de muchas izquierdas y fundamentalmente de la abertzale porque, sin ella, desde luego que ni el poder español ni los sucesivos gobiernos autonomistas habrían concedido y tolerado lo poco que han dado y aguantado; pero, sobre todo, tampoco se hubiera mantenido con sus altibajos una amplia malla de grupos y colectivos de toda índole capaces de mantener activa una inexplicable capacidad de contrastación y crítica cotidiana de la basura propagandística fabricada por la industria político-mediática española. Solamente así, recurriendo a estas fuerzas subterráneas, podemos comprender muchas de las razones que explican la enorme distancia entre la fuerza aparente de la industria político-mediática española y su fuerza real, bastante más reducida de lo que se cree si atendemos sólo a las cifras oficiales de audiencia televisiva, radiofónica y ventas de prensa escrita.
Sin embargo, estos incuestionables aspectos positivos han sacado a la luz, como mínimo, cuatro grandes limitaciones nuestras cuales son:
Una, la tardanza en crear organizaciones específicas para incidir en esa área social y muy en especial en las mujeres y personas adultas, que forman buena parte de ese abstencionismo vasco. Conocemos los esfuerzos que se están haciendo al respecto, pero lo que nos interesa ahora es insistir en que la evolución capitalista y, dentro de ella, la evolución de la opresión nacional, refuerza las tendencias objetivas a la manipulación de esos sectores y su conversión en reserva activa del poder.
Dos, las dificultades en conocer las nuevas tendencias de la juventud de cuna no nativa ni aborigen y que han tenido su segunda socialización bajo el orden educativo español-regionalista, es decir, la mayoría de esos más de 60.000 nuevos votantes que también formaban el otro componente del abstencionismo tradicional y que, pese a estar de acuerdo con la izquierda abertzale en bastantes reivindicaciones, como lo confirman múltiples estudios, pese a ello, han decidido votar a una fuerza como el PNV-EA donde la gerontocracia tradicional tiene una estimable fuerza, desde luego mucho más que en la izquierda abertzale.
Tres, la debilidad de nuestros instrumentos de investigación sociológica abertzale. Este es un problema permanente en la historia de las izquierdas, pero se vuelve injustificable en las naciones oprimidas que han de aguantar y padecer la nefasta omnipotencia de los aparatos de falsificación de la realidad que ha impuesto el ocupante, desde el orden educativo y universitario hasta los grupos de estudio y prospección privados, de la gran banca e industria, etc., pasando por la industria político-mediática y la propia burocracia estatal y regionalista, sin olvidarnos los grupos capitalistas internacionales. Pues bien, en este cada vez más decisivo asunto seguimos padeciendo un enorme e injustificado atraso.
Cuatro, la forma rutinaria y mecánica de nuestro quehacer político diario incapaz o muy lento a la hora de profundizar en los anteriores análisis, los que nos permitieron descubrir las recuperaciones de las luchas pero que no los hemos continuado hasta descubrir la dinámica de reducción del abstencionismo vasco. Estos y otros errores pertenecen a las debilidades estructurales de la izquierda abertzale, algunas de las cuales ya estamos intentado superar pero otras siguen ahí, enquistadas como garrapatas. Pero tampoco debemos olvidar los efectos de la impresionante presión represiva que están haciendo los estados español y francés, efectos que no sólo agudizan las debilidades estructurales sino añaden nuevas dificultades.
Más adelante tendré que volver a esta cuestión porque, aun siendo fundamentalmente abstencionismo vasco asentado en su substrato de rechazo a la dominación extranjera, es también un abstencionismo contradictorio ya que si bien reacciona ante la contraofensiva española en defensa de lo propio, tampoco supera la fase de defensa, de resistencia pasiva, y no da el salto a la práctica de construcción. Buena parte del voto del miedo, real, se ha expresado en la reducción de dicho abstencionismo, y ya que he citado al miedo, un tema que en la izquierda abertzale está planteado desde hace varios años, tengo que citar de paso, por su transcendencia, al deseo y al realismo, sentimientos y formar de pensar y actuar que han sido decisivas en nuestra lucha de liberación nacional y que también lo han sido, pero por contradictorias razones, en los resultados del 13 de marzo en el tercio vascongado.
Estoy hablando de proceso de liberación nacional y lo hago con la intención descarada de resucitar un lenguaje que había ido desapareciendo lenta e imperceptiblemente en nuestras conversaciones. Y todos debiéramos saber que cuando se dejan de utilizar determinadas palabras, conceptos, expresiones, etc., es o bien porque se ha avanzado tanto en la superación de las problemáticas y obstáculos históricos que originaron esa lucha, y se han logrado a la vez tantos o todos los objetivos entonces fijados, que hay que crear otro lenguaje que refleje y exprese más correctamente el nivel de liberación alcanzado, o bien porque las problemáticas históricas se han vuelto borrosas y difusas de manera que ya apenas nadie se atreve a seguir llamando las cosas por su nombre. Es cierto que estamos en un proceso de construcción nacional pero es igualmente cierto que antes, durante y después de esa construcción estamos en y para una lucha de liberación nacional y social. En modo alguno son contradictorios y menos aún excluyentes e irreconciliables ambos conceptos pues, en el nivel actual, mantienen una estrecha dialéctica de interacción y enriquecimiento que explica porqué desde hace tiempo se estén dando movimientos autoorganizativos en el subsuelo no oficial ni institucional de nuestro pueblo.
La lucha independentista y socialista es algo que caracteriza esencialmente a la izquierda abertzale desde sus orígenes recientes, e incluso podemos entrever "anuncios" suyos en prácticas anteriores, y una de las lecciones que nos enseña la brusca reducción del abstencionismo así como los restantes resultados, es que no hemos podido explicar a michos sectores esa dialéctica entre independencia y socialismo y construcción nacional ya que, como demostración de nuestras limitaciones, tienden a incrementarse los diversos sujetos que participan con sus diversas fuerzas en la construcción nacional mientras que están adormilándose o estancados los referentes estratégicos y prácticos esenciales al concepto de lucha de liberación nacional.